La migración es un fenómeno compartido por la mayoría de las especies. En el mundo animal, implica desplazamientos cíclicos o estacionales a larga distancia motivados por la supervivencia y la búsqueda de mejores condiciones de vida. Es una estrategia evolutiva de resiliencia frente a la inestabilidad del entorno.
En el caso humano, la migración comienza con los primeros Homo sapiens. Durante más de 100 mil años, nuestros antepasados fueron cazadores y recolectores, moviéndose según las estaciones, el agua y las manadas. Hace unos 70 mil años algunos salieron de África y se expandieron por todo el planeta.
Aunque estas fechas parecen lejanas, en la escala del tiempo geológico son recientes: la Tierra tiene 4.54 mil millones de años, los cocodrilos existen desde hace 200 millones y los tiburones desde hace 400 millones. Los Homo sapiens aparecimos hace apenas 200 mil años. Si condensáramos la historia del planeta en un solo año, la humanidad habría surgido el 31 de diciembre a las 23:36: solo en los últimos minutos.
¿Por qué hablar de migración?
La migración no es exclusiva de los humanos, pero en nuestra especie adquiere complejidad. A los factores biológicos se suman motivaciones culturales, económicas y políticas.
En un inicio, los cambios climáticos, la búsqueda de alimento y los conflictos con otros grupos impulsaban la movilidad. Más tarde, se sumaron otras variables: expansión de imperios, esclavitud, exilios y colonización. Con el tiempo, migrar pasó de ser un instinto de supervivencia a un motor cultural, económico y político que ha moldeado la historia de la humanidad.

“Sin la migración, la humanidad tal y como la conocemos no existiría.”
Ian Goldin
¿Quién es un migrante?
Un migrante es una persona que se desplaza de su lugar de residencia habitual hacia otro, dentro o fuera de su país, motivada por factores económicos, sociales, políticos, ambientales o personales. Estas condiciones pueden ser voluntarias o forzadas, regulares o irregulares, temporales o permanentes.

Sin embargo, la condición de migrante no es solamente alguien que cambia de lugar de residencia. Su identidad está modificada por las motivaciones que lo impulsan (desde la supervivencia y la búsqueda de dignidad hasta el seguimiento de mejores oportunidades), por las condiciones bajo las cuales emprende el desplazamiento (voluntarias o forzadas, regulares o irregulares, temporales o permanentes), y por el contexto histórico y político que enmarca su decisión.
Si en el siglo XVI un explorador migraba por tierra y supervivencia, en el siglo XXI un graduado universitario puede hacerlo por empleo, dignidad o seguridad. Hoy, el migrante ya no viaja respaldado por una Corona o un imperio: enfrenta leyes complejas, empleos inciertos y la necesidad de defender su derecho a pertenecer. Migrar ya no significa conquistar tierras, sino integrarse en sociedades existentes y navegar realidades multiculturales.
La migración es, al mismo tiempo, un acto individual porque refleja la esperanza y resiliencia de cada persona y un fenómeno colectivo, que transforma comunidades.
Nuestra migración
Una forma de aproximarse a la discusión de la migración consiste en que los migrantes deciden moverse porque existen condiciones dramáticas y muy adversas en sus lugares de origen, como las guerras, la violencia por narcotráfico o escasas condiciones de trabajo. Si bien, estas razones para migrar son, sin duda muy poderosas, también existen factores distintos sin ser extremos para migrar.
Hablar de migración también es hablar de nosotros. Nuestra decisión de dejar México nació de una combinación de adversidad, curiosidad y ambición.

Las condiciones adversas actuales en México se refieren en primer lugar a la violencia e inseguridad en la que vive, sobre todo, la clase media. La extorsión a los que poseíamos un negocio, la inseguridad a la que se exponen nuestros hijos adolescentes con el riesgo de ser secuestrados y quizá desaparecidos, son razones que en sí mismas provocan una reflexión sobre la mínima calidad de vida que uno espera tener para sí y su familia.
Durante años habíamos dirigido una empresa que empleaba a más de 50 profesionales del diseño, la ingeniería y el patrimonio, con proyectos en Chile, Colombia y España. Llegó la pandemia y en México el trabajo desapareció, mientras que en España conseguimos proyectos y al mismo tiempo fuimos aceptados en Startup Lisboa para constituir nuestra empresa aquí y con la opción de migrar. Nuestro proyecto era prometedor: tecnología y patrimonio y fue el momento de dar un paso decisivo.
En el ámbito familiar, fue decisivo para nuestros hijos. Nuestro hijo desde pequeño encontró su vocación como cocinero, soñaba desde los 14 años con estudiar cocina en Europa. Lo hizo en Portugal, y poco después ya trabajaba en un restaurante con estrella Michelin. Nuestra hija menor, talentosa en artes y matemáticas, necesitaba un entorno seguro donde crecer y desarrollar su creatividad. En México, el riesgo constante hacia las mujeres jóvenes nos generaba un miedo difícil de explicar. En Portugal encontró libertad y hoy estudia diseño de producto inspirada por su pasión por los autos de carreras.
Así, hace seis años decidimos establecernos en Portugal. El país nos ha recibido con amabilidad y calidez, aunque también hemos enfrentado los retos de la integración y el sentido de pertenencia.
mexa.pt
Migrar no es solo moverse: es llevar y traer, compartir y transformarse. Por ejemplo, gracias a los migrantes, el mundo conoce tomates, chocolate y papas, así como ajos, cebollas y trigo. El intercambio de ingredientes, técnicas y saberes ha cambiado para siempre la forma de comer y de vivir en el planeta.
Mexa.pt tiene como objetivo compartir ideas y reflexiones sobre cómo la migración ha enriquecido al mundo cultural y económicamente.
Como migrantes, queremos ser puente: compartir lo que somos y lo que traemos, y al mismo tiempo adaptarnos, dejarnos transformar y enriquecer por la cultura y las personas de allá donde llegamos.
